jueves, 22 de diciembre de 2016

Bengalas de Júpiter

Detrás de la vidriera de una peluquería, un muchacho de veinte, veintidós años, bajo, extremadamente delgado, termina de barrer el piso. Adentro todo parece nuevo. La pintura, los sillones hidráulicos, los secadores de pelo. En la puerta hay un cartel que dice: “hoy hasta las 18”.
Una señora mayor se asoma a la puerta para preguntar algo. Sostiene una torta envuelta en una bolsa de nylon. El peluquero, con exagerada amabilidad, busca un volante del recibidor. Lo dobla y se lo guarda a la señora en el bolsillo del vestido. La señora saluda, se aleja, y el muchacho da vuelta el cartel y pone “cerrado”.
***
Una mujer de cuarenta y tantos, con musculosa negra y un delfín tatuado en el hombro, viejo y azulado, arregla un maniquí en una vidriera.
Sale a la calle a mirar cómo quedó todo. No parece conforme. Da un paso atrás, mete la mano en el bolsillo y gira la cabeza, buscando una mejor perspectiva.

***
Un hombre con uniforme de barrendero, empuja un chango en un supermercado Día. Tiene una sidra, una porción de queso, una caja de postre helado y un dinosaurio de juguete. En la fila, delante de él, hay un anciano tratando de encontrar dos billetes para pagar una lata de comida de gatos. El barrendero empalidece. Se le aflojan las rodillas. Se agarra del estómago. "¿Se siente bien?", le pregunta el cajero. El barrendero no responde.
***
Una mujer de setenta y pico de años, y dos hombres de la misma edad, uno alto y flaco y el otro más bien bajo y pelado, suben a un colectivo y se acomodan entre la primera y la segunda fila. Llevan bolsas con comida y dos botellas. Hablan a los gritos. Ríen. El colectivero maneja serio y pensativo.
***
El cajero le vuelve a preguntar si se siente bien al hombre vestido de barrendero, que tiene una impresión pésima. Dice que sí, que ya se le pasa. Paga la cuenta y sale.
***
La mujer del delfín tatuado sale con una bicicleta de la tienda. Baja la persiana, cierra con candado y guarda las llaves en la mochila. Después se engancha los auriculares. En la radio suena “Mirada speed” de Virus.
***
En la terminal del colectivo, la señora y los dos señores mayores bajan los escalones despacio. "Disculpe si se enteró de todas nuestras vidas, chofer. Es que no sabemos hablar bajo". Y vuelven a reír.
El colectivero desarma su máscara de hielo y sonríe. Antes de arrancar, toca una bocina.

***
El peluquero joven viaja en el subte. Va parado. Hay mucha gente. Cerca de la puerta, dos adolescentes hacen un cover de Nirvana con una guitarra criolla. El peluquero los mira y sigue el ritmo de la canción con un pie.
***
El barrendero sale de una farmacia, saca una pastilla de la caja que acaba de comprar, y la pasa sin agua. El gesto en su cara es terrible. Como si un dolor lo estuviera matando.
***
El colectivero cambia el cartel “Azopardo” por “fuera de servicio”. Agarra por la avenida.
***
En la avenida, la mujer de la torta, la que preguntó algo en la peluquería, le hace señas al colectivo con el codo. El chofer le hace “no” con el dedo y le señala el cartel “fuera de servicio”. La mujer se sienta en el banco de la parada a esperar y recuesta la torta sobre su falda. Se escuchan cuetes y cañitas voladoras.
***
La vendedora de la tienda sigue pedaleando. En la vereda, unos chicos encienden rompe portones. Intimidó mi corazón, una fugaz mirada speed. Sigue sonando Virus. El sol del atardecer le da de frente. Ella trata de sacar los anteojos de sol de su mochila.
***
El joven peluquero busca un billete para darle a los músicos del subte, pero se da cuenta que no tiene la billetera, ni la recaudación, ni el celular, ni las llaves, ni nada. Su mochila está vacía. Le robaron todo.
***
El colectivero busca una frecuencia de radio y encuentra la emisora donde pasan el tema de Virus. Cuando levanta la vista, se le viene encima una mujer en bicicleta. La mujer de la tienda. La del delfín. El chofer gira bruscamente el volante. Las ruedas chirrían. La radio sigue sonando: flotando, navego en dirección…
***
Una nena de pelo muy corto, casi rapado, con un impecable vestido celeste, está sentada en el descanso de un edificio. Mira hacia la esquina.
***
La señora y los dos señores mayores encuentran una mesa donde acomodarse en un parque público. El más alto se agarra la cabeza. “No van a poder creer, me olvidé el sacacorchos”. El bajo y pelado lo mira desilusionado. “Pero, ¿cómo que te olvidaste?”.
***
La nena de pelo corto, la que espera en el descanso del edificio, ve a alguien doblar en la esquina. Es el barrendero. La nena se para, corre y grita: “¡papi, papi, llegaste!”. El padre la levanta en el aire y la abraza, tratando de no demostrar lo mucho que le cuesta hacerlo.
***
La rueda de la bicicleta gira. La vendedora está en el suelo. Pero se levanta. Ella está bien. El colectivero está al lado de ella, blanco, asustado, pero también está bien. Se escucha bajita la canción de la radio: me balanceo hasta acabar, junto a esa mágica adolescente sin edad…
***
La señora y los señores mayores cenan en la mesa del parque matambre con ensalada rusa.
En la boca de la botella de vino hay un cuchillo tramontina. Los vasos tienen vino y pedacitos de corcho. La señora levanta el vaso para brindar. “Y que se vaya este año de mierda”, dice. Y se ríen los tres. En el cielo pasan algunas bengalas.
***
La señora que lleva la torta en las manos sigue por la avenida. Hace señas a otro colectivo. Pero tampoco le para.
***
El joven peluquero camina por la vereda. Tiene los párpados rojos, como si hubiera llorado. En la esquina, al doblar, se tropieza con la señora de la torta. La misma que le pidió el volante esta tarde en la peluquería.
“Casi, casi”, le dice el chico, sonriendo. Y la señora, reconociéndolo, le responde “te mataba si se caía” y sonríe también.
“Que pase una feliz navidad, señora”, le dice el chico. 

“Lo mismo para vos, querido”.
Cada uno sigue andando por su vereda, uno con la mochila vacía, la otra defendiendo su torta de los peligros callejeros.
La avenida oscurece, las luces rojas de los autos brillan, y el viento, sin dirección, empuja las desconsoladas cañitas voladoras.

No hay comentarios:

Publicar un comentario