lunes, 5 de diciembre de 2016

Cómo dormimos


Hace unas semanas, una amiga muy querida me llamó para preguntarme si yo dormía con piyama: es que estoy en un grupo de whatsapp, me dijo, y todo el mundo dice que duerme con piyama y yo no lo puedo creer, ¡qué antigüedad!
Ante semejante introducción, reprimí mis deseos de contestarle con sinceridad.
Solo le dije, sí, sí, yo también duermo con piyama, ¿y qué?
Ella se rió un poco, no mucho. Lo suficiente como para demostrar que mi respuesta le hacía gracia pero que respetaba mi costumbre. Después cortó. 
Yo me alivié de no tener web cam en casa ni nada parecido. Porque, en general, no sé cómo me voy a dormir pero sé cómo me levanto.
Más de una vez, a causa de un ruido, me despierto a medianoche y al encender el velador observo que voy vestida de astronauta o cirujana plástica.
Me ha pasado también de levantarme para ir al baño, mirarme al espejo, y ver que voy vestida de sicario y en la mano llevo la cabeza de un viejo tío mío que vive en Villa Krauce, provincia de San Juan. 
Hace dos o tres días me sorprendió gratamente haberme despertado vestida con el mameluco de Javier Villafañe. 
Alguna que otra vez puede ser que me levante con piyama, ¿por qué no? Todos tenemos nuestros días. Pero lo que yo debería haberle contestado a esta amiga que tengo, es: no sé cómo me voy a dormir, todo depende del programa.

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