lunes, 5 de diciembre de 2016

Con la ventanilla baja

No tengo auto, no sé manejar, pero camino con el código de los conductores.
Más que nada un día como hoy.
Truena y me acuerdo que dejé la ropa en la soga.
Viento, auriculares, la vereda ancha de Avenida de Mayo, qué placer.
Meto tercera, me hago hacia izquierda, rebaso y hago finitos a los contadores y cadetes.
Agarro la onda verde de la Avenida más ancha del mundo.
Suelto una ironía al boludo que clavó los frenos en Rodas, por mirar un postre Balcarce.
En la esquina de Salta me encuentro con uno igual a mí.
Auriculares, palanca de cambios en mano, buen calzado.
Nos miramos.
Y después hacemos un picadito entre Santiago del Estero y San José.
Llego bien a casa, que es lo que importa.



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