lunes, 5 de diciembre de 2016

El 28

Viajaba en la parte de adelante del 28, que iba muy lleno.
En el asiento para personas con discapacidad había una viejita y un ciego charlando:
-Cuando estoy por bajarme busco a la persona que me dio el asiento para devolver.
-Hay gente que da automático el asiento, no hay que pedirle.
-Son pocos los que conservan educación, es el diez por ciento.
De pronto el ciego levanta las palmas de las manos y los globos de los ojos, y dice:
-Yo quiero que la gente que me da el asiento lo haga con el corazón.
Justo en ese momento, el colectivo pega una terrible frenada que nos manda a todos dos metros adelante. Un señor, incluso, termina en el suelo.
La viejita y el cieguito siguen charlando, lo que no sé es si aprovecharon la contingencia para cambiar de tema.

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