lunes, 5 de diciembre de 2016

La subordinada


Hoy quiero escribir un oración subordinada, un laberinto construido por comas, con salidas falsas, ideas débiles que acaten órdenes de ideas fuertes, cuyas palabras rueden como cascotes de un subsuelo a otro, y a otro, y así hasta llegar a Japón, donde las comas se escriben para otro lado, pero todavía conservan la categoría de pausa, y el texto respire y exhale, respire y exhale, y recobre fuerzas y tome impulso para volver a la planta baja de la oración, donde las palabras se junten, se revelen, y yo tenga que apagar el foco de la insubordinación con un punto final.

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