viernes, 9 de diciembre de 2016

Ruido blanco

Una familia en cuatro capítulos. 

Uno: la nena
Mamá está enculada conmigo porque sabe qué pienso de ella.
Que es una inútil y una idiota. Una mediocre ama de casa que nunca pudo superarse en la vida y alcanzar una meta.
“Por ustedes dejé todo, yo podía haber sido bailarina”.
Cómo llora. Con el tanque que es, ¿bailarina de qué? Que se muera.
Y papá también. Como si fueran buenos padres. 
“¿Cuál es la diferencia entre los ríos, las rías y los fiordos? ¿Quién me explica?”.
Y a quién le importa, papá. ¿Quién sos, Jeacques Cousteau?
Si lo más intelectual que te sale en casa es, “¡la rechoncha desplumada de la tía Nelly! ¡Te comiste otro penal, narigón!”
Ya no los aguanto más. Me voy a Europa. Mañana me levanto  a las 5 y voy a la Embajada de España. Apenas cumpla los 18 me voy. Sí o sí me voy. O mejor dicho, nos vamos, porque si le sale la ciudadanía polaca a Tornillo, nos vamos los dos. 
Primero iremos a Bremen, Alemania, donde está mi primo Orlando.
Él trabaja en la cadena de heladerías Il Cornete.
“¿Pero Il Cornette qué tiene de alemán?”, pregunta la gorda.
Callate, bruta. Es una cadena italiana que opera en Alemania. Vos qué sabés si nunca cruzaste el charco.
“Ahí buscan tilingas como vos para negrearlas”, dice el maestrito ciruela.
Y vos, ¿qué te metés? ¿No la negreás a mamá haciéndole lavar las palomas de tus calzones? ¿No te negrean a vos el Director, el Inspector y el Presidente de la Sociedad de Fomento? 
Ustedes no entienden nada. 
Mi primo Orlando está en Bremen trabajando en una heladería. Le pagaron el viaje de ida y vuelta y la pensión. Trabaja como un burro, eso sí. Pero cuando termina la temporada se patina toda la guita en viajes. El año pasado fue a Egipto y se subió a un elefante. 
Yo quiero ir a Francia y caminar por ese puente famoso por donde pasaron tantos artistas. La gente allá es mente abierta, más avanzada. 
Me voy a llevar la guitarra. Capaz pueda armar una banda de música helénica. Me gusta Platón. Tornillo me prestó un libro de él y enseguida hice una conexión mística. Yo creo que se puede hablar con los muertos. Que a mí Platón me escucha y me orienta en la vida. Capaz con Tornillo podamos formar una banda. El Tornillo de Platón se puede llamar. 
“Cuando toquen, avisen, así me compro un casco”.
Sos bruto, le dije a papá. Sos bruto y decís eso para humillarme. ¿Quién te creés? Si sos un maestrito particular que hace changas para llegar a fin de mes.
Sos un insensible, igual que el papá de Tornillo. 
“La próxima vez que te quieras matar, pedime un chumbo que te lo doy”, le dijo él.
Tornillo se tomó un frasco de veneno para hormigas. Y la semana pasada, una tableta de Alplax que le robó a la abuela.
Cortala, Tornillo, le dije, así nunca vamos a llegar a Bremen. 
Aunque yo lo que más quisiera es morirme. No me gusta como soy. Tengo la cintura muy arriba, la nariz ancha y la piel muy oscura. Yo quisiera ser como Patti Smith pero más me parezco a Tina Turner. A Tornillo le gustan las pálidas. 
“Nada que ver”, me dijo el otro día.
Pero sé que un día de estos me va a dejar por una más blanca.
Esta mañana fui a su casa.
“Ojo que todavía vomita”, me dijo la madre.
Entonces me senté en el borde de la cama y no le hablé. 
Pasamos toda la mañana en silencio. 
En un momento me dice que mi presencia lo molesta, que lo deje solo.
No sabía que fueras tan copado, Tornillo, le respondo. Zarpado lo tuyo.
Y me fui.
Tal vez lo mejor sea irme sola a Europa. 
Y volver en diez años, hecha una diosa total. 
Tornillo estaría en la ferretería de su papá, arriba de la escalera, buscando una lamparita de 100 voltios. 
¿Qué hacés?, le diría yo. Venía a ver cómo estabas. 
Y él, humillado, respondería: “acá me ves, tirando”. 
“¿Tirando?”, le preguntaría yo. “¿Qué pasó con ese chico metafísico que eras?”.


Dos: el padre
Otro domingo con el culo pegado a la silla para corregir los exámenes de estos camellos, porque ni con un chimpancé los puedo comparar. Pagano: tres cincuenta. Rocuorcore: tres setenta y cinco. Ricardi: cero, cero, rojo, redondo como la fosa nasal de un burro, como el culo de un orangután. Señores padres, se requiere presentarse en la dirección con tijera de podar para cortarse bien las bolas.
Los pibes vienen cada vez peor. Estoy cansado de tener que poner límites. De escuchar que es culpa de la escuela, que es culpa del profesor. ¿Y los que llamaron a la cigüeña, qué? ¿Los que pusieron la semillita, qué? ¿Los que garcharon sin forro en un agujero del balneario de Quilmes, qué?
El otro día, viene una madre con el pibe descalzo. Y le dice a la de segundo: “señorita, mire, le dejo las zapatillas porque mi hijo a mí no me hace caso” ¿Pero qué se creen que somos? ¿Tenemos cara de babysister? Y viene la mamá de Lafón y le dice al pibe, enfrente de mí, “portate bien en la clase, que sino el maestro te va a dar garrote”. ¿Pero de qué me vio la cara, señora? ¿De Pedro Picapiedras? Dele garrote usted, críelo, enséñele. ¿O se cree que la escuela es un reformatorio?
Tranquilo, José María. Paremos la mano antes de que se te dispare la presión.
Y la gorda otra vez con el volumen a todo trapo.
¿No podés bajar? ¿No te das cuenta que es domingo, que es el único día que estoy en casa, que estoy corrigiendo pruebas, que quiero escuchar el partido? ¿No te das cuenta?
No, si lo único que sabe es mangar y quejarse. Mangar y quejarse. Que dame plata para el colegio de la nena, que el geriátrico de mi viejo, que esto y que lo otro.
Y lo digo porque me gusta decir las cosas como son. Lo de su viejo no tenía remedio. Un día íbamos a volar todos. Menos mal que esa noche me levanté a buscar el Alical, que sino hoy no la cuenta nadie.
Mirá, no me amenaces más. Si me vuelvo loco como tu viejo, me mandás a un loquero. Y si quedo medio vegetal, eutanasia y crematorio. Después me tiran a las Cataratas, al Delta o al baldío de la Ruta 2, me da igual.
Pero el viejo ese viejo nos va a enterrar a todos.
Y la nena nos va a dar una mano. Ahora que se le fueron los humos a la cabeza. Europa, dice. Grandota y boluda. Pero qué puedo opinar yo ahora. Ya es tarde. Si vos, gorda, le diste todos los gustos, no le enseñaste a romperse un poco el traste. ¿Para qué quería esa máquina de escribir? Si está ahí, tirada. ¿Para qué rompió tanto las bolas? A nada le da valor.
Hay que dejarla que vaya a Colonia, Hamburgo, Transilvania, qué se yo adonde. Con la geografía que tiene, ni ella sabe adónde va. Que haga la experiencia con ese Denis Hooper trucho. A ver, que vaya y la haga. Ahora que no venga a romper las bolas con ese western union que la saco fletando.
Nena haceme caso, estudiá una carrera, inglés, computación. Dejate de boludear con ese bolas tristes de Tuerca, Rosca, Arandela o como se llame.
Profesorsucho, me dice a mí. Ya te vas a acordar de este maestrito. Tres meses de vacaciones, jubilación anticipada, obra social, turismo en cuotas… mirá.
Esta va a terminar como la rompe pelotas de la madre. Y para peor, soltera.
Gorda, bajá ese volumen.
Cómo puede ser, el único día que estoy tranquilo en casa, quiero escuchar el partido.
¿Cómo que gol? ¿Quién hizo ese penal pelotudo? ¡La rechoncha desplumada de la tía Nelly! ¡Te comiste otro penal!
Te dije. Ahora sí que me voy. No sé cuándo vuelvo. Ya sabés que a mí la rabia no se me cura así nomás.


Tres: la madre
Querido hermano,
Te escribo estas líneas un domingo soleado aprovechando que la nena no está y José María está haciendo la siesta.
¿Cómo estás? ¿Bien?
Después de tanto tiempo de no escribirte. No podía porque no tenía muchas cosas para contarte. Casi nada para contarte. Y es un error, porque al contar, una se saca de encima cosas. Pero a mí me ocurre lo contrario. En vez de sacarme las cosas, las acumulo. Y ese es un problema. 
Como sabrás, papá sigue en el Hogar.
Pobre viejo.
Al final, después de tanta insistencia de tu parte, y de parte de José María, accedí a encerrarlo. La verdad es que yo sola no daba abasto, aunque igual un poco siempre ayudan la nena y José María, que nos lleva y nos trae con el coche, aunque un poco se queja porque dice que lo tratamos de remis. Pero bueno, igual es un buen padre y un marido presente.
En la última carta que me escribiste, me pediste que te cuente un poco más de mí. Lo que pasa es que yo no siento que tenga una cosa importante para decirte.
Del país te cuento que la situación va a los saltos, a los ponchazos. La inflación es enorme. La gente sigue igual, nadie te da bolilla, a nadie le importa nada de nada. Se ven hombres, mujeres, niños, empujando carritos, con los cartones, basura. No sé si soy un poco pesimista, pero es lo que yo veo. 
José María sigue siendo el sostén de esta casa. Siempre atrás de la nena para estudie. Es porfiado, con su pensamiento de obreritos y explotadores. Pero él es así, qué le vamos a hacer. 
Te agradezco esos dólares que mandaste por Fernando. Nos vienen bien para pagar los impuestos de la casa de papá, que, como te dije, hay que ocuparse. Ahora la casa está vacía, pero la nena y yo vamos y volvemos para prender o apagar las luces. Con la pobreza que hay, capaz se mete alguien y ahí sonamos. 
La portera de la escuela de José María se ofreció a alquilarla. Pero yo le mandé a decir que no, le metí de excusa que ibas a volver vos. Tiene una hija discapacitada, si hay un problema, es un dolor de huevos, no las saco más. 
Héctor, no sé si te acordás, el de enfrente, le alquiló la casa de su suegra a una familia pobre y después tuvo que rociarla con kerosene.
La otra sería venderla, como dice José María. Pero para eso necesito los papeles, que me hagas un poder. Hay que ver, todo hay que ver. Yo ahora pienso que capaz papá podría pasar sus últimos días en su cama, con sus cuadros, sus fotos, sus recuerdos. No sé si se puede saber cuáles serán los últimos días de una persona. Yo creo que no se puede saber. 
Pero algo hay que hacer.
Cuando vienen esas tormentas tan grandes tengo miedo de que la casa se termine de venir abajo. El techo sigue lloviendo, y eso que José María le dio varias manos de brea y membrana flotante. Aún así y todo, el problema no se ha resuelto.
El pino, ese pino viejo que plantó papá, se secó y se cayó de raíz. 
Acá también se llueve todo adentro pero por lo menos las paredes están firmes. 
La nena ahora está grandecita y tiene novio. Tengo que revelar el rollo de los quince y mandarte una foto. Una princesa estaba. El novio es un negrito medio fiero, pero es tranquilo y no anda en puteríos, lo cual ya es bastante.
Por eso un poco te escribo, hermano. Ahora la nena, que ya no es tan nena, anda con la idea de irse allá. Creo que quiere ir a Bélgica o a Italia. Después te confirmo. Sé que vos no estás en ninguno de esos dos países pero siempre contás que el tren te lleva y te trae rápido. Capaz te podés tomar un café con ella y orientarla. Es mi única hija, tu única sobrina. Tengo miedo de que estando allá, sola, le ocurra algo feo, que le saquen los órganos, que la violen o la droguen. 
Pero, repasando, te diré que ando bastante mejor.
Ahora en un rato empieza una novela. Se llama “Amándote”. Trabaja un actor que a Betty le encanta, Arnaldo André. Contale si podés que te dije, a ver si ella la engancha por algún medio.
Me gustaría saber cuándo van a volver y que me manden una foto. 
Los meses pasan tan rápido sin que uno se pueda comunicar. 
Te mando un abrazo y un recuerdo permanente. Hasta siempre, hermano.

Cuatro: el novio.
Y, no sé. Fernando llámeme. Sino Tornillo. Me da igual. Dieciséis. A tercero. Porque repetí, Doctor. Que repetí. Suicida y repetidor, jeje.
No, no sé de qué me río.
Tampoco sé.
Ni la más puta idea.
¿Novia? No. ¿Metas? No, tampoco. Bueno, una… que fracasa, jeje. No me río. Bueno, sí, me río, ¿y qué?
De nada tengo ganas de hablar. ¿Me puedo ir?
¿Juez…? ¿Y para qué? Ah, qué copado. Que es copado, digo.
¿Vio La sociedad de los poetas muertos? Qué película de mierda. Usted me hace acordar a Robin Williams. “Oh, mi capitán. Oh, mi capitán”, jeje. Bueno, bueno, no se altere. Paz y amor.

El gabinete del doctor Caligari vi. En video. Al cine no voy. Radio, sí. ¿Ahora? Así habló Zaratustra. ¿Por qué raro? ¿Y para qué quiere saber?
¿Mi mamá? Densa. Asfixiante. Muy. De toda la vida.
Mi viejo habla poco. Qué se yo. Mente de ferretero. Está en su onda, yo no me meto. Mientras no me ponga a laburar con él, todo bien. Antes muerto, jeje.
Repetí porque no me gusta estudiar. No. No. Bueno, puede ser.
Sí. El bajo toco. The Cure, Joy Division, Bauhaus, Gene Loves Jezebel… ¿March Violets? ¿Los conoce? ¿Qué toca? Usted es surrealista, Doctor. De verdad. ¿Artaud? Tiene toda una poética… me abrió mucho la cabeza. Es una especie de mito para mí. ¿No quiere tocar con nosotros? El viernes. No creo que lo dejen pasar, pero bueno. Le mando invitación por paloma mensajera, jeje.
Mire, yo me hago cero problema. Mis viejos se lo hacen.
Sí, obvio. Igor, Rodrigo, Fliby. Somos una banda. Igor. Y, porque estamos juntos desde tercero. Willi, otro amigo. A veces hacemos pintadas en las paredes. “Fuera yanquees”, “aguante la necrofilia”, qué se yo. Adrenalina. El otro día nos paró la yuta. Fliby, que es re violento, salió rajando. Maricón del orto, dije. Me dejó solo. Yo tampoco tenía documentos.
Y qué tiene que ver, Doc. O sea, es un laberinto la cabeza. A veces pinta mal. La mente sale a pasear. Me puse re metafísico, ¿no? Es muy fuerte. Va más allá de los amigos.
Hijo único.
¿Quién le contó? Bueno, entonces que venga mi vieja a ajustarse las tuercas. ¿Por qué tengo que venir yo?
Seis. No, él seis. Yo tenía nueve. Peritonitis o algo así. Qué se yo. Un día volvió llorando de la escuela. Estuvo bastante rato diciendo que le dolía la panza, que le dolía la panza, y mamá meta preguntarle qué había comido. No sé, cuando llegó mi viejo. Tarde. Al otro día, la abuela me llevó. Estaba internado. Pálido. Luis. Que Luis se llamaba. Agua pedía. Fernando, dame agua, decía. En esa época yo no era Tornillo, era Fernando. Una cosa insoportable: agua, agua, dame agua, Fernando. Yo era un pibe de nueve años, o sea. Y mamá diciendo, ni se te ocurra. El médico dijo que ni una gota. Al rato se lo llevan para la operación. Agua, pedía. Un puto vaso de agua. Y fin, the end, ¿qué más quiere saber? Lo tengo muy presente. Quedé medio retraído después. Deje, deje. No se gaste. Me seco con la camisa. Qué lindo título para una banda punk. Lágrimas en el puño de una camisa del orto, jeje.
¿La última vez? Bueno, este domingo que pasó, no, el anterior. Eran las doce, creo. Me desperté porque escuché un balde sobre el patio. ¿Conoce ese ruido? ¿Vio cuando se arrastra un poco sobre el cemento? Bueno, áspero, así. Después la canilla se abrió y cayó el chorro adentro del balde. Mamá era, obvio. Quién va a ser. ¿Qué hace baldeando un domingo?, me pregunté. Vivir, vivir, dice. Entonces, ¿por qué no vive?, ¿por qué no se va de vacaciones?, ¿por qué se la pasa baldeando pisos?, ¿por qué no cambia esa cara de orto que tiene? Y ahí dije, ya está, la viviste, Tornillo. Y me pintó la oscuridad total. Abrí el cajón de la abuela y me mandé quince, qué se yo, veinte pastillas. Salto, me dije. Foward. Soy un autodestructivo total, jeje.
¿Mi viejo? En la ferretería. Dónde iba a estar. Si es un muerto en vida.
¡Ay!, me desesperan los dos.
Otra salida es que me mande a mudar. Alemania o a Bélgica, no sé. Tengo una data para ir. Con una amiga. No, no me gustan las mujeres. Los hombres tampoco, no se haga ilusiones, jeje.
¿Ahora sí me puedo ir?
Qué pena. Ahora, a lo último, me caía bien, Doc.
¿Por qué me dicen Tornillo?
Es re místico, ¿no?
Pregúntele a papá.

1 comentario:

  1. Estela ¡muuuoooeeyy bueno!, agrandá la familia pronto porque ahora queremos saber del papá ferretero de Tornillo, de la mamá de la mamá bailarina, de si la nena se fué a Edimburgo o a donde. Te dejo, me voy a hacer un omelete. Saludos, Mariano.

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