lunes, 5 de diciembre de 2016

Un minuto por el amor de Dios

En la parada del colectivo, una mujer, Testigo de Jehová, trató de convencerme de que Dios es hermoso. La escuché con atención porque el colectivo no venía. 
Al despedirse me dijo: muy amable, usted es muy humilde y Dios premia a las personas así. 
Subí al colectivo y la miré alejarse con compasión. 
Si ella hubiera visto el torrente de mi sangre.

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