miércoles, 25 de enero de 2017

Crónica de viaje: El Chaltén o "la montaña que humea”

El Chaltén, verano del 2015.

Día 1
Acá en El Chaltén casi nadie es nacido en el El Chaltén propiamente dicho. Este es un pueblo que se creó en 1985 y todavía no tiene su propio hospital.
El guía turístico es de El Calafate, va y viene todos los días.
La que atiende la panadería, Alicia, es de Gerli, provincia de Buenos Aires.
El mozo del restaurante Estepa, chileno.
La recepcionista del hotel, barilochense.
El guardaparque no quiere decir, pero de El Chaltén no es.
Tampoco el chofer de la combi es nativo de acá.
Torres es jujeño. Trabaja medio año en Santa Cruz y medio año en su provincia. Tiene rasgos aindiados. Es tan pero tan bajito que necesita un almohadón de reposera para levantar el asiento.
Cuando maneja, se agarra muy fuerte del volante, como si la camioneta se le fuera a volar.

Día 2
En El Chaltén no hay diarios. Tampoco cable, ni televisores (ni en el hotel, ni en los bares, ni en ningún lado vi alguno). Nadie escucha el noticiero. Todos parecen muy amables y honestos. La mitad de la gente habla inglés. Casi no hay internet. Tengo facebook solo cuando sopla el viento de Chile.
Un embole.
Me pregunto qué voy a hacer tantos días acá.


Día 3
En Parque Nacional los Glaciares hay un treinta por ciento de campos de hielo. De esos campos, descienden 47 glaciares mayores. El más conocido es el Perito Moreno, ubicado en El Calafate. Y el más extenso, el Viedma, que está acá en El Chaltén.
Hoy caminé arriba del Viedma con grampones en los pies. El suelo es resbaladizo. La superficie se ve bastante sucia porque el viento arrastra los sedimentos de las rocas de la cordillera. Se ven, de vez en cuando, especie de grietas turquesas. Como hendiduras de máquina de café. Falta un cartel que diga, “ponga una moneda para que ande el glaciar”.

Día 4
Acá en El Chaltén, cada cien metros hay un cartel que dice “cuidado con los huemules”. Le digo al guardaparque: cuidado con los huemules, cuidado con los huemules, hace cuatro días que estoy y no vi un solo huemul. Te digo sinceramente, me dice, es que hay veintiséis nomás. Le respondo con silencio. Y te digo turísticamente, me dice, veintiséis huemules, cinco flamencos y dos tucanes.
También me cuenta que los pumas se comen, en promedio, a un turista y medio por temporada.

Día 5
En la avenida principal, San Martín, hay una casa rodante con un cartel que dice: 3 kilos de cerezas 100 $. Adentro hay una balanza, un montón de cerezas y una negra brasileña muerta de frío.
Por avenida San Martín, también, hay un hombre que hace pozos en las veredas. Cuando pasan turistas, para la oreja y pregunta: ¿qué estás buscando, una farmacia?, ¿un almacén?, ¿un lugar para comer?, ¿pastas te gustan? Y el hombre te manda adonde necesites. Cuando te estás yendo, te grita: decile que te manda Motoneta.
Acá en El Chaltén nadie te quiere meter el perro. Vos vas a comprar un suvenir y decís: quiero una mermelada típica de acá pero que no sea muy dulce. La vendedora te responde: si querés una mermelada que no sea muy dulce no te lleves ninguna, sino cuando la abras te vas a querer matar.
Me gusta.
Es tranquilo, se come bien, no me parece que haga tanto frío, a pesar de que el viento no da tregua.
Capaz mañana me fijo a cuánto se venden los terrenos.
¿Qué negocio me podría poner?
¿Una librería?, ¿una peluquería?, ¿una casa de mascotas?

Día 6
Acá en El Chaltén todos te saludan cuando pasan. La gente local, los extranjeros, los porteños, todos. Como si estuvieras en el campo.
Vos agarrás un sendero angosto y te la pasás saludando. Hola, hola, hola, decís. Cansa, la verdad. Pero una sigue igual, por educación.
Hay un sendero que es, especialmente, un desafío: Lago de los Tres. Para llegar al mirador son cuatro horas subiendo una pendiente de setecientos cincuenta metros. El último tramo de una hora es muy empinado, muy difícil. Sin embargo lo suben (o intentan) personas de todas las edades. Te resbalás, te caés, las piernas te tiemblan. Los ojos te arden, te gotea la nariz, se te secan las manos. El viento parece que te va a empujar al vacío. Cuando llegás a la cima, el miedo, la irritación y el agotamiento no te dejan ver bien esa maravilla de lago de los tres glaciares. Pero te quedás a comer un sanguchito y mirás. Y decís, ¡llegué! Después, cuatro horas más pateando para volver. A la noche, cuando caes en la cama, soñás unas cosas increíbles. Yo, por ejemplo, soñé que aplicaba técnicas de reanimación a un viejo tío muerto, que levantaba a un obeso con los brazos y que Pablo Iglesias (el hombre más lindo y carismático de Podemos), me guiñaba un ojo.

Día 7, último día 
Es lindo El Chaltén. Sin tele, sin internet, sin diarios y sin humedad, creo que me voy acostumbrando.
¿Qué harías vos en un lugar así?, me pregunta el guía. Ni siquiera él trabaja acá en invierno. De mayo a septiembre pasea turistas sobre el Perito Moreno.
Nada, una persona como vos no pude hacer nada acá, dice.
Y tiene razón.
Al aeropuerto me lleva Torres, el chofer jujeño.
En el viaje me cuenta que cuando se termine la temporada, se vuelve a su provincia para hacer otro trabajo. ¿Y qué hacés ahí?, le pregunto. Soy camionero, responde, enderezando la espalda. Manejo un Scania.
Lo último que veo de El Chaltén, antes de que oscurezca, es una tarde imposible de ser reproducida en una postal.

Día 8
Acá en Buenos Aires puedo ver toda la tele que quiero. Ahora, por ejemplo, estoy veo el canal TLC: una gitana de 17 años cuenta lo orgullosa que está por haber llegado virgen al matrimonio. Dice que se va a dedicar al amor para siempre, que no tendrá necesidad de pisar una universidad, ni de buscar trabajo. También hablan la madre de ella, el novio y su suegra. Todos son lindos y hablan sobre una cortina musical que les puso el editor.
Ay, lo mejor de vivir en una civilización es el control remoto.

5 comentarios:

  1. Gracias por el paseo, Estela. Me gustó mucho su diario de viaje. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. De nada, Jorge. Paseo de una turista bonaerense, claro. Cada cual aporta su mirada. ¡Gracias por el comentario!

      Eliminar
  2. La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos!

    ResponderEliminar