lunes, 9 de enero de 2017

Pensamiento de bicho

Ayer, por error, respiré bajo el agua. Fue un acto totalmente involuntario. Iba cabeza abajo, pensando en musgos, plantas acuáticas, caballitos del diablo, y otras yerbas, cuando aflojé el cuerpo y respiré. Si bien no llegó a entrarme una gota de agua (ay, ¡qué feo es el ardor!), estoy segura de que algo de aire entró. Como cuando era una larva así de chiquita.
Hoy, ya a propósito, hundí la cabeza bajo el agua. A ver qué pasa, me dije. Y respiré poco, pero respiré. Qué sorpresa, entró aire. No digo el de una respiración completa, porque cocodrilo se nace, no se hace. Pero con ese poquito de aire, más el que yo tenía reservado de afuera, mantuve la cabeza bajo el agua tres minutos, cosa que nunca.
Mañana me voy a mandar con todo. No tengo miedo. Perdido por perdido, pienso. De última seré una absurda libélula más flotando en un tanque australiano de San Pedro.

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