jueves, 2 de febrero de 2017

El conejo de la luna

Estoy frente a una ventana y detrás veo un árbol esquelético contra un cielo negro.
Una estrella trepa por una rama. Pero quizá esa estrella se haya apagado hace miles de años. 
No la estoy viendo, ni la estoy soñando. Sencillamente es un reflejo intenso subido a la velocidad de la luz.
¿Y esas otras estrellas más allá de la rama? ¿Esas también estarán muertas?
Ahora que mi retina se acostumbra a la oscuridad, las veo mejor.
Constelaciones. Nubes de estrellas que forman figuras.
Una cruz. Una flecha. Un barrilete. Un flaco estirado. Un pato salvaje.
Es casi un milagro, pero el pato se balancea.
Y la vida se llena de ilusiones otra vez.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Héroes S.R.L.

–La Doctora ahora mismo no lo puede atender –dije al teléfono–.  Llame en una horita o algo así… Sí, le digo, le digo, no me olvido.
Colgué.
–Doctora Hercio, otra vez de la TrueNorth –avisé.
Como empresa, la TrueNorth no nos llegaba ni a los talones. Pero nos convenía mantener la buena onda con ellos: tenían los chips de silicio mucho más baratos que la SkyNet.
–Van a volver a llamar más tarde.
La Doctora no me escuchó. Estaba concentrada en su trabajo. Con una mano ajustaba una muela en la cabeza de un autómata y, con la otra, se cebaba un mate.
De pronto, el teléfono volvió a sonar y la Doctora se asustó. El mate cayó al piso y la yerba salpicó para todos lados.
–¡Me cacho en diez!
Para colmo, el molar que estaba ajustando se deslizó por la garganta del androide.
–¡No puede hacer tantas cosas a la vez! –me quejé. Yo iba a tener que limpiar todo ese enchastre.