miércoles, 1 de febrero de 2017

Héroes S.R.L.

–La Doctora ahora mismo no lo puede atender –dije al teléfono–.  Llame en una horita o algo así… Sí, le digo, le digo, no me olvido.
Colgué.
–Doctora Hercio, otra vez de la TrueNorth –avisé.
Como empresa, la TrueNorth no nos llegaba ni a los talones. Pero nos convenía mantener la buena onda con ellos: tenían los chips de silicio mucho más baratos que la SkyNet.
–Van a volver a llamar más tarde.
La Doctora no me escuchó. Estaba concentrada en su trabajo. Con una mano ajustaba una muela en la cabeza de un autómata y, con la otra, se cebaba un mate.
De pronto, el teléfono volvió a sonar y la Doctora se asustó. El mate cayó al piso y la yerba salpicó para todos lados.
–¡Me cacho en diez!
Para colmo, el molar que estaba ajustando se deslizó por la garganta del androide.
–¡No puede hacer tantas cosas a la vez! –me quejé. Yo iba a tener que limpiar todo ese enchastre.