viernes, 7 de abril de 2017

Anécdota vestuario

Con el pelo mojado, revuelto, y mientras se abotona la camisa, Nélida, la viejita de la pileta, le cuenta a una señora mayor que, volviendo en micro de Entre Ríos, una monja se sienta al lado de ella.
"Una chica rubia, de ojos celestes, pequitas, dientes parejitos, tipo alemán". Entonces la viejita le dice a la monja: "nena, y disculpame que te diga así pero, ¿cuántos años tenés?".
Ella le responde que dieciocho.
La viejita, con gesto de estarse ahogando, sigue relatando: "qué picardía, con esa carita podrías casarte, tener hijos, ser feliz, ¿por qué, nena?".
Y la monjita le responde, "el señor también gusta de lo bonito, señora".
"Ahí me mató", dice la viejita, y respira hondo para terminar su relato (o continuarlo, no sé).
Pero justo la interrumpe una señora en malla mojada que viene con el grupo de acuagym: "para de mentir, Nélida, pará de mentir", y sigue de largo hacia las duchas.

Entonces Nélida se pasa el peine por la cabeza y, un poco molesta por la desacreditación, dice: "salen las papas fritas y entran los churrascos".

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