viernes, 7 de abril de 2017

Consejo

Cuando mi viejo vivía y yo tenía una duda sobre un tema político, iba a su casa y le preguntaba a él.
Mi papá me daba su punto de vista pero, en general, se apasionaba, se enardecía, dialogaba con sus propias ideas (o monologaba) y terminaba respondiéndole a un tercero: "y punto, viejo", decía. "Y pun-to".

Desde entonces aprendí que para probar racionalmente cualquier argumento político es necesario invocar a un adversario, por más viejo e invisible que sea.

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