viernes, 26 de mayo de 2017

Técnicas de seducción de una nena 6 años en un colectivo de la línea 12.

Técnicas de seducción de una nena 6 años en un colectivo de la línea 12.
A la madre (abrazándose a sus piernas, paso 1). "Mamita (procedimiento 2: el diminutivo no falla): si vos ya creíste que me voy a portar bien (3: la confusión de los tiempos verbales es un acierto), me comprás... (4: el suspenso, un don innato) me comprás la cartu de "xiolumna" (5. pronunciar la palabra clave frunciendo la boca, como bebota, es otra técnica que asegura la victoria). 
La madre pasa los brazos sobre la espalda su hija (1), simula que la escucha con atención (2) y sonríe, como diciendo: "¿así que un MB felicitado?" (3). Vuelve la mirada hacia la llovizna persistente que hay afuera: "así no se va a secar nunca la ropa" (4), piensa. Y asiente con resignación (5): "sí, no va a parar nunca de llover".
La nena, que cree que ese gesto breve y sencillo de cabeza (5) es un "sí", se recuesta tranquila sobre las piernas de su madre, satisfecha porque las técnicas de seducción dieron resultado. Y ahora piensa en el próximo deseo, porque pronto tendrá otro anhelo, seguramente más pesado y pretencioso que la cartuchera de "xiolumna".

El abuelo

Cómo son los recuerdos. 
Según contaba mi papá, mi abuelo Arsenio, su padre, murió a causa de la anestesia durante una operación.
Para mi tía, hermana de mi papá, en cambio, mi abuelo murió en brazos de mi padre en un hospital de Lomas de Zamora. 
Un hermano de mi abuelo paterno, el tío-abuelo Lorenzo, opinaba que Arsenio murió de una anemia “galopante” causada por años de privaciones y de hambre.
Por el lado materno y, según mi mamá, mi abuelo Armando murió a los 49 años de un paro cardíaco a consecuencia de su sobrenatural altura (mi abuelo medía más de 2 metros). Su hermana, mi tía, me contó que mi abuelo Armando tenía 55 años cuando murió, y que fue por la cantidad de cigarrillos que fumaba.
A mi abuelo Arsenio no lo conocí. A mi abuelo Armando, sí. Él murió en 1975 y yo recuerdo que, en el velatorio, mi papá me levantó para que le dejara un banderín de Boca Juniors en el cajón. Aunque mi mamá, cuando vivía, me dijo que eso era imposible, porque a mí, a ese velorio, no me habían llevado.